Conversaciones

CONVERSACIONES CON WALTER LEZCANO

La prosa de Andrés Calamaro es como la resistencia del conurbano

Por Pablo Kulcar

Walter Lezcano, periodista, escritor (aunque no le guste definirse de esa manera) y docente oriundo de la localidad bonaerense de San Francisco Solano, recientemente presentó su último libro “Los Actos Públicos”, que se suma a muchos otros anteriores. El libro está conformado por crónicas autobiográficas de sus vivencias como profesor de lengua y literatura en las escuelas secundarias del conurbano profundo.

 

Nos encontramos en un bar frente a la facultad de Sociales, de alguna forma sincerando lo que sería una charla temática y acorde al lugar. Fue fácil reconocerlo, más que nada por su pelo, abultado, con algunas incipientes canas y una latita de algo en la mano. No recuerdo presentación alguna. solo como si estuviéramos en un set, o estudio de radio y la luz roja dijera: “Aire”, sentí una comodidad que me habilitó a ser directo y transparente.

 

Vino con su madre a los 2 años de Goya, Corrientes, no conoció a su padre, ni siente ningún vació que lo impulse a buscarlo. Vivió en pensiones de Zona oeste, el mito materno dice que aprendió a leer a los cuatro años, él no sabe si para tenerlo ocupado o por alguna otra misteriosa razón que no conoce, aunque sospecha una cuestión de subsistencia materna. Convivió con una serie de padrastros con los que jamás genero empatía, las relaciones pasaban por la violencia y por exigencias normativas que no estuvo dispuesto a conceder. Trabaja en colegios secundarios del conurbano bonaerense, los conoce y los entiende por eso escribe y enseña, intenta amigarlos con la lectura.

 

Te busque específicamente por tu libro” Actos Públicos” en el que haces referencia  a tu tarea docente en el connurbano bonaerense y llamas a eso, una situación de Lucha

Hay un elemento conflictivo entre lo que quiere conseguir el docente, la sociedad y lo que espera el alumno, esa conquista del aula hace referencia  a una tensión constante que se establece dentro de una situación comunicativa, en una realidad cotidiana compleja y violenta.

Como hacen estos dos agentes para construir puentes en ese espacio físico y de un tiempo determinado. Puentes de saberes, de realidades, en una fuerza que tira desde el que enseña al que sabe y viceversa. Existe entre esa tensión una resistencia palpable del alumno y  a su vez también del sistema que lo olvida

Hay  una situación social de desprecio del trabajo docente y de su capacidad para transmitir saberes. Hay muchos discursos en contra de nuestra tarea docente a la que amo. Este va interactuando en el aula, desde todas las materias, intentando generar saberes significativos pero ésta acumulación de fuerzas termina generando un guiso donde los actores sociales pueden construir la suerte de la clase de ese día, solo pudiendo nivelar las tensiones imperantes existe la posibilidad de un día exitoso

Creo que está en crisis la concepción  del saber, en quién imparte ese elemento, quién es el perdedor  y quién el ganador, el alumno que sabe finalmente mucho de internet, este es el referente? por eso las balas van para el lado de los profesorados, esos lugares que legitiman el saber, lo cuestionan y condicionan. Una parte de la sociedad lo ve solo como un supuesto no una certeza, en resumen no confían, no nos creen capaces de transmitirlo.  

 

A los 17 años se fue de su casa para comenzar lo que hasta hoy lo persigue, alquilar un lugar donde vivir. Hizo el secundario en un industrial de Solano y básicamente lo detestó, una escuela técnica estaba lejos de lo que este lector prematuro sentía debía ser su camino. La lectura fue siempre su refugio, fue ese lugar luminoso que intermitentemente acompañaba sus días en los diferentes barrios, entre los diferentes amigos, haciendo equilibrio entre una realidad marginal, violenta y delictiva y un deseo y un placer por los libros. Es fiel reflejo de ese caos al que llaman conurbano, y es allí, donde gestará su épica tarea educativa , en los colegios secundarios, en aquellos a los que conoce hasta como respiran.

 

Esto deriva en una cuestión importante para el chico, allí es donde el docente va surfeando  esa realidad cotidiana de su espacio. De todas formas hay una sensación de pertenencia, que es positiva. Ellos saben que tienen algo fijo, dentro de lo inestable que son sus vidas, que puede ser, comida, salud, amor, familia, padres, pero siempre hay algo que es la escuela  a la que pertenecen y que esta allí.

Cuando ingresan al aula esa concepción comienza a desestabilizarse, es justo cuando la clase empieza a tomar forma. Allí nace esta tensión de: ”No quiero estar aquí, “que puede ser producto de la edad o que los motivan exactamente otros intereses, como el que hay una fiesta allí afuera, que está ocurriendo en este preciso momento  y no es dentro de la clase donde quiero estar. Pero por otro lado esto es lo más cercano y organizador que conocen y que tienen. Lo saben y allí hay una lucha interna entre esa afuera, que no saben bien qué es y esto que está y que organiza sus vidas y le da un cierto sentido durante un tiempo.

 

O sea que el logro que identifica momentáneamente es: Soy estudiante

Si esa es una certeza en un mundo caótico, la diversión y el deseo que el afuera les va tirando, ellos lo procesan como pueden, desde videojuegos a redes sociales, van interactuando y resistiendo como sale. La escuela como institución van encontrando también formas de resistencia y eso se debe mucho a cómo el docente va transmitiendo sus saberes, con pasión. Hay una variable interesante en el amor con que esa persona está impartiendo su materia, allí debe tener atención a un montón de circunstancias que circulan por la clase. Estas van desde la apatía hasta la sobre excitación, pasando por el hambre o el sueño, del que no comió o se quedó toda la noche con videojuegos o lo que sea que haya hecho. Hay muchos y diferentes factores a los que estar atentos, se trata de ir nivelando y surfeando entre un montón de sensaciones, realidades y  por los cuales no te están pagando y no te los están reconociendo. El colectivo social a veces piensa que la docencia es un trabajo fácil, sencillo y muy bien remunerado, cuando la realidad supera todos los supuestos que existen.

 

Vos das literatura, cómo logras que en este contexto los chicos lean más de 25 hojas como…?

Eso es un trabajo cotidiano de generar una especie de estímulo haciendo ver a la literatura como un placer, no como algo impuesto que va a cambiar nuestras vidas, sino que hay que vincularlo en el orden del deseo, de la belleza. Al acercarse a ella hay barreras que se bajan, y esto tiene que ver con la seducción y aceptación que proviene del efecto hermoso de la lectura. Uno debe intentar buscar qué es lo que le gusta a ese grupo heterogéneo en sensibilidades y emociones muy diversas. Eso no lo podes hacer si no estás enamorado de tu materia. Si tu pasión esta primero podrás investigar mil cosas para lograr anudar a cuarenta corazones, ese hilo  imaginario de palabras es más constructor de saberes que el programa de la materia propiamente dicha.

 

¿Colonizar Solano desde la prosa, desde la palabra y la lectura es posible?

A mí me gusta que entiendan que la lectura te puede cambiar la vida, no como una imposición, sino como posibilidad y para siempre. El alumno no la elige pero no la toma como algo menor, y así a veces funciona durante el año, durante algunas clases y otras veces después de 24 años te para alguien y te dice:” Loco, yo te tuve de profe y gracias a vos todavía sigo leyendo”.

 

Docente, periodista, se reconoce como un habitante del fondo de la olla, repite una y otra vez la palabra placer y deseo. Está seguro que la literatura puede ser un camino a cosas concretas, que te puede ayudar a generar ideas, a hacer de tu esencia algo distinto a lo que ese contorno social parece intentar moldearte. Es analítico, de respuesta rápida y su voz tiene una cadencia a Calamaro casi simbiótica. Es de sonrisa fácil, casi que esa es la expresión natural con la que te va a mirar. Contesta muy relajado, bebe la cerveza que se pidió, escucha lo que uno le dice, se ríe y pareciera que lo disfruta. Walter Lezcano, está atado a ese fondo de la olla, de la que hace tiempo despegó y esta a varios metros de distancia.

 

Días distintos : un ensayo sobre letra y música de Andrés Calamaro

de Walter Lezcano, publicado por Gourmet Musical Ediciones

 

Un artista en estado de gracia, el calendario marcando las últimas horas del milenio y un país a punto de colapsar se conjugaron para la creación de una obra imprescindible que nos permite comprender el rock nacional de las últimas décadas.

Calamaro en tiempo de “autodestrucción”, relacionado con lo corporal, con romper los límites de la canción pop-rock,  en un país que también estaba en destrucción, ahí por 2000, 2001. Calamaro hablaba de ese país que se estaba rompiendo. Mientras él había logrado un éxito tremendo con “Alta suciedad”, llegó a hacer “El Salmón” en la pieza de un hotel. Ese proceso de precarización y despojamiento lo estaba viviendo el público. El collage de Andrés es un cuadro sociológico donde el tema de las drogas aparece, Calamaro es hijo de los 70´y un músico de rock  que rompe con un estereotipo y va en contra del estatuto del rock, se hace referente de lo que estaba pasando en el país. “El Salmón”, habla del paco, de Yabrán, de “una montaña de horror”. Y era la punta del iceberg.

En ese proceso de desborde, inconciencia y violencia, Calamaro encontró una obra de arte.Él mismo se construye como artista objeto y arrastra sus mirada por esos caminos de excesos.

Un libro de estas características se empieza por amor, y termina como una obsesión.  En principio, Calamaro es mucho más que un letrista, tiene un oído increíble. El conocimiento que tiene de otras artes por fuera de la música; la psicología, las artes plásticas, la pintura, todo se revoluciona como un torbellino ,como un huracán, donde esa capacidad viaja sobre drogas con la intención de explotar creativamente. Todo eso lo fue poniendo a Calamaro en otro lugar. El libro es acercarse a la hoguera creativa  y sentir ese fuego, en palabras, a través de lo maravilloso que es la pasión por la lectura.

Yo siempre sentí que el 2001 fue un quiebre muy fuerte para nuestra generación ,fue una mirada ideológica de lo que eramos como país, dónde vivíamos. Yo tenia 21 años y preguntaba  que manifestaciones podían poner relevancia a estas cuestiones. Para mí la música fue vital para entender la realidad cotidiana, al igual que el cine, o la pintura. Calamaro había hecho algo único, ni Fito o Charly lo habían podido generar y es una conexión con su pueblo. Exponiendo todas las carencia que estaba sufriendo. Cuando se me ocurrió la idea la googlié y vi que no había nada escrito, me sorprendí ya que yo veía tan obvia esa relación entre la palabras de Andrés  y la identificación social con lo que lo rodeaba. Allí comencé a pensar la idea del libro, solo porque no había nada escrito y yo no dejaba de leerlo.

Mas allá de mi admiración de Andrés como artista público, sentía que no se lo consideraba como tal, que ese perfil border era tan genuino desde su ideología, su estética y  esa era la clave. Sentí que se lo debía tratar como un objeto cultural a la altura de cualquier otro. Por eso pensé un libro que marcase esos puentes entre su obra y su pueblo, la historia que lo contenía, que lo rodeaba y esa era la nuestra. Todo el mundo Calamaro se condice con lo que vivíamos, ni siquiera sabíamos que estábamos esperando el 2001. Todo mezclado en un soundtrack increíble y artístico como una pintura o una canción de rock

Estoy interesado en la violencia literaria y quiero que la lean, por lo menos por un rato se corran del lugar donde están, lo que dure el relato, el poema o la canción. Mi meta es moverlos de su lugar de pertenencia, correrlos de su zona de confort y para eso es imprescindible un hecho violento. Andrés es un artista que constantemente te cambia de lugar, pasa por todos los estilos, pero su relato sigue la linea que los acontecimientos sociales le dan.

Soy un negro cabeza y nunca me posiciono en otro lugar que no sea ese, lo que genero no lo puedo controlar, trato de ser lo menos profesional posible, intento casi inocentemente ser un amateur que te caga a piñas. Solo me construyo desde mi deseo y placer, desde allí escribo para ejercer mi capricho a ser feliz. La felicidad es lo menos capitalista que existe, por eso para mi cuanto menos profesional, menos capitalista, solo voy a tratar de multiplicar el placer de la lectura y como Calamaro no quier, ni puedo rendirme.

Acerca del autor Pablo Kulcar

Periodista formado en la Universidad de Lomas de Zamora, oriundo de Avellaneda, actualmente produce y conduce el programa “Sentipensantes” por Radio Universidad Arturo Jauretche

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