Notas

La prolijidad de lo real

Algunas ideas sobre la escritura de Borges y el imaginario de la nación

Por Fabián Banga

 

Todas las cosas fueron hechas por medio de la palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.”
Juan 1:3

Todo espacio sin límites requiere una fundación, la ausencia de esos límites reclaman una cartografía que termine con lo absurdo de semejante ausencia. Porque habría que aclarar que un lugar sin límites ronda el tema del horror. La imagen no es nueva, ya José Donoso la señalaría en el título de una de sus obras, trayendo la frase de La trágica historia del doctor Fausto de Christopher Marlowe, cuando Fausto pregunta a Mefistófeles sobre la ubicación del infierno y éste responde:

Mefistófeles: En las entrañas de estos elementos. Donde somos torturados y permaneceremos siempre. El infierno no tiene límites, ni queda circunscrito a un solo lugar, porque el infierno es aquí donde estamos y aquí donde es el infierno tenemos que permanecer.

El arreglo que hace Fausto con Mefistófeles es que recibiría todos los conocimientos que quisiera siempre y cuando no permanezca en un mismo lugar. Es decir que se está hablando de espacios y de territorialidad.

Por otro lado, todo espacio ilimitado es al mismo tiempo inaccesible. El todo es también la nada; por esta razón algunas tradiciones místicas judías nombran a Dios “Nada” ya que la totalidad es imposible de abarcar o ver. De ahí que sea necesario “ficcianar” y friccionar sobre esta totalidad sin límites. Hay que construir mapas, delimitaciones, en ese plano ilimitado de la realidad. En otras palabras, hay que fundar y al mismo tiempo crear. Como propondrán más de una tradición teológica, crear desde lo mental y nombrar, porque desde el nombre marcamos límites. Es decir, traer la sintaxis como herramienta cartográfica. Un espacio ilimitado puede ser un desierto, pero nosotros le damos a ese desierto el título de nación y la realidad cambia. Esto permite por un lado establecer, probar y sobre todo crear los cimientos desde donde vamos a construir. Es decir, alambrar la realidad con todas las injusticias que esto puede llegar a acarrear; como mencionaba Tulio Halperín Donghi en referencia a los pensamientos de Alberdi en esa construcción de “la nación nueva sobre el desierto argentino”. Por lo tanto, toda fundación en semejante marco conduce a un acontecimiento traumático para un grupo bien delimitado. Así se construyó nuestra patria. Se construyó como muchas otras naciones, desde ideas que partían de espacios imaginativos que imponían artefactos ideológicos y contextos, y al hacerlo incluían y obviaban. En nuestro caso más específicamente sobre un paramento que partía de conceptos de raza, género y clase.

Volviendo al proceso de creación y sobre todo desde el punto de vista estético, hay que marcar que hay sin lugar a dudas una semilla de arrogancia en este proceso. La arrogancia de crear una realidad sobre la realidad que se presenta, una arrogancia ―pecado― original implícita que poco tiene de “angustia” pero sí de insolencia. Insolencia para nada censurable. Interesantemente los estadounidenses veneran esa insolencia, esa arrogancia intrépida y liberadora de sus orígenes. Los franceses comparten ideas similares. Nosotros planteamos una nación en los bordes de dos opuestos. Por un lado, exaltando el espíritu revolucionario y por otro reverenciando un origen con elementos hasta monárquico. Traemos este debate desde nuestros orígenes.

Nuevamente, el tema tiene mucho que ver con la idea de la fundación. Tema que interesantemente Borges abordó con espacial cuidado dejándonos mapas que indudablemente fueron construidos sobre otros mapas anteriores. Porque toda fundación no requiere necesariamente un elemento implícito de originalidad. Borges se aseguró de dejar esto bien en claro en sus incontables ideas referidas al plagio, la repetición de imágenes, los otros. Es decir, la imposibilidad de hacer plagio que termina siendo también un tema hasta ominoso. Pierre Menard, autor del Quijote como ejemplo evidente pero también Buenos Aires como copia de ciudades europeas y al mismo tiempo otra cosa. En este contexto su fundación y copia es un fracaso particularmente exitoso. Todos estos temas tienen mucho que ver con la creación de un universo independiente atreves de la virtualización de la realidad y que más adelante veremos, dialoga con la idea de la construcción de la nación.

Borges hablaba de “la prolijidad de lo real” en el poema “La noche que en el Sur lo velaron”, y que Jorge Monteleone acertadamente reconoce en el estudio preliminar de La Argentina como narración ―Buenos Aires: Fundación Nacional de las Artes, 2011―

Es, al fin y al cabo, una lectura del mundo en su alteridad imaginaria, en ese hiato de confluencia a veces indecidible que nos brinda una interpretación ambigua o múltiple acerca de aquella congoja que Borges llamó ‘la prolijidad de lo real’ o, en su defecto, del caos de lo real en su emergencia sombría.”

Yo le agregaría, congoja frente a lo ilimitado. Ese “Lento el andar, en la posesión de la espera, / llego a la cuadra y a la casa y a la sincera puerta que busco” trazando en esa oscura noche del Sur el mapa que lo lleve a destino.

Esta creación de la realidad en la obra de Borges requiere ser narrada. Y Borges le dio a la narración un elemento fundamental en su escritura. Esto se ve desde sus comienzos. Ya en los primeros poemas de Fervor de Buenos Aires encontramos una reconstrucción de espacios conocidos desde donde nos propondrá cuestiones filosóficas relacionadas con el tema de la muerte, la vida y el lugar del Yo en esta dualidad. El narrador en Borges es un narrador que dialoga con el lector y le muestra un universo que, si bien es dialogístico, el lector es esencialmente pasivo. Si los poetas chilenos Neruda y Mistral en esos tiempos construyeron sus universos poéticos desde la conjunción de elementos y sonidos, en Borges lo que encontramos es un universo que brota desde el dialogo del narrador hacia el lector. Si bien el lector pasa a ser parte de este universo indefectiblemente, Borges planteará su lugar en relación con el otro que funciona de interlocutor. No hay opción. Un ejemplo de esto se ve en las primeras líneas del libro Fervor de Buenos Aires “Muy lejos de nosotros / por más que nuestras manos atestigüen los troncos”, “El jardín botánico”. El lector queda sin mucha chance de decisión ya que esta primera premisa se corroborará en el constante “nosotros” que aparece en toda la obra.

Otro punto que resalta en la obra de Borges es la descripción de elementos desde su ausencia. Por ejemplo, en el poema “La Recoleta,” en realidad de lo que se está hablando es de la muerte. Pero este tema está camuflado por la descripción del cementerio y la descripción de las tumbas. Hay una construcción poética de lo que no está presente partiendo de los entornos y elementos visibles. En este caso el elemento que se está construyendo es la muerte y los muertos, y se la construye desde la imagen de las tumbas. La tumba, con sus mármoles, no muestra explícitamente su verdadera función que es la de alojar un cadáver. Algo similar se presenta cuando contrastamos las descripciones de cosas y notamos que al final de lo que está hablando Borges es de la nada, del “no-ser”. “Irrealizados por tanta certidumbre de anulación”, hay un “no-ser” que luego se ira haciendo más y más explícito. Este “no-ser” no es un espacio de tranquilidad, sino un horror, como el horror hacia los espejos que presentará Borges a lo largo de su obra. “Juntamente se apagan el espacio, el tiempo, la muerte, / como al cesar la luz”. Es todo esto un intento de describir lo no existente desde el mismo acto de describir algo. Así como la tumba no mostrará lo que verdaderamente contiene, sino que será un simulacro que sugiere otra cosa que no se puede ver. Así quizás el poema mismo, la corporalidad del poema, es un intento de describir lo que no existe. Hay un describir de cosas para desde esta descripción sugerir lo indescriptible ya que la misma esencia de esto es el “no-ser”. Como en el “puro no” de Girondo, aunque en este último caso hay un intento heroico del poeta de intentar nombrar lo innombrable.

Pero lo no nombrado impone su peso y existencia. Es curioso pensar que según se sabe anecdóticamente, Borges llamaba a Perón “el innombrable”. Está también El innombrable de Beckett, con discurso incoherente, que según una perspectiva foucaultniana se podría ver como un ataque al orden simbólico dominante. Es decir, la palabra del “loco” que conlleva una denuncia. También las presencias que no se nombran en “Casa tomada” de Cortázar. Interesantemente desde un contexto político, los que toman la casa/nación en el cuento de Cortázar son las fuerzas populares de la Argentina peronista. Nuevamente el tema de la clase se entremezcla con la idea de la otredad.

Otra característica en la obra de Borges es la narración histórica y el lugar que pareciera tener la función de incluir al autor en la herencia de la patria. Nuevamente desde el no nombrarse en primera persona el poeta se incluye dentro de los límites de la patria y reclama una pertenencia.

Es importante este punto porque remite a nuestra primera idea de “ficcianar” y construir mapas, limites. Habría que agregar que al construir un mapa en realidad lo que se está haciendo es apropiarse del territorio e incluirse en ese mapa. Borges en realidad no está haciendo nada nuevo, ya otros escritores como Echeverría, Sarmiento y Lugones tuvieron proyectos muy similares.

Esta construcción de la historia nacional y legados de pertenencia aparece en muchos poemas de Borges de una forma muy explícita, sobre todo en Cuaderno San Martín y Luna de enfrente. Entre ellos se encuentra “El coronel Francisco Borges” e “Isidoro Acevedo”. Se busca una inclusión del poeta en el contexto nacional por medio de la herencia y la raza que no requieren mayor análisis. Están también los cuentos históricos que no incluyen directamente al poeta, como “Rosas” éste en Fervor de Buenos Aires y “El general Quiroga va en coche al muere” en Luna de enfrente. Las descripciones son netamente antirosistas y delimitan de alguna forma la política que acompañó a Borges durante toda su vida. Netamente antipopulista y con claro rechazo a los movimientos de masa “idolátrico amor en el gauchaje / y horror de puñalada en la historia”. Rechazo que se entrecruza en esferas mucho más cercanas a la fascinación que al repudio, tema que compartirá con Sarmiento.

Este último punto es importante, porque todos estos particulares temas de opuestos tan nuestros no podemos plantearlos como simples oposiciones. Existen conexiones y mimetismos que producen espacios de contacto entre las partes, quizás no muy deseadas y saludables. Esa frase de que los opuestos se tocan tiene muchos ejemplos en nuestra historia. Que Rosas y Perón vengan de familias de clase alta y que Sarmiento no, es un tema para tener en cuenta. Esta idea de espacios de cruce en las dualidades también se encuentra en Borges en el tema de la orilla. Punto éste que quizás valdría analizar con más cuidado y espacio, no en estas pocas líneas pasajeras. La orilla estará presente en muchos momentos de la obra de Borges. Será éste el lugar que se conecta con los arrabales, espacio mítico constantemente dibujado y re-dibujado por el poeta. Será el territorio en el borde. Quizás valdría formularse la pregunta de que si esta orilla es sólo un punto geográfico o también un punto temporal: “Hoy es orilla de tanta gloria el olvido” de “Inscripción sepulcral”. Este tiempo geográfico es algo que volverá constantemente en la obra de Borges. Para Borges la orilla será el cuchillo, la conexión entre la civilización y la barbarie, el contacto entre el pasado y el futuro. Es el abismo entre la ciudad y el horror del campo infinito que en algunos momentos es la muerte. Es la grieta. Es muchas cosas, es también el contacto entre el dolor y el goce, la muerte y la esperanza: “la trémula esperanza / el milagro implacable del dolor y el asombro del / goce” de “Inscripción en cualquier sepulcro”. Éste será uno de los tantos puntos que Borges compartirá con Sarmiento y que son elementos significativos e intrínsecos de la realidad argentina.

Se ha dicho que no hay escritor más argentino que Borges. Es posible. Sobre todo desde su estética y sus construcciones duales. Hay algo que no se menciona mucho de Borges, que pese al aire británico que se le quiere añadir, Borges tenía un acento muy fuerte en inglés. Escuchar a Borges hablar en inglés era saber que Borges no era inglés. Lo que no creo sea un aspecto que no lo beneficiara. Él mismo atizaba esa idea que lo cubría, un poeta ciego, del fin del mundo. Que en realidad era justamente eso, un poeta sigo del fin del mundo. Pero en el universo de Borges esa realidad había que recrearla. Es decir, había que recrear lo que ya era, para hacerlo de otra forma. Había que enunciar que Borges era muy británico, entre aquellos que no sabían con exactitud lo que es ser británico. Como hoy en día cuando se imitan actitudes originarias de los Estados Unidos sin saber en realidad lo que constituye los Estados Unidos. Es parte del simulacro. Es parte de esos imaginarios tan reales de los que habla Ricardo Piglia en “Notas sobre Facundo” (2012) y su concepto sobre la traducción e ideas europeas que son transformadas para que se adapten a la realidad nacional. Ideas y traducciones que en muchos casos tenían grotescos errores, pero terminan siendo aún más exactas que las citas originales. Es la criatura en Frankenstein apropiándose del apellido de su creador. Hay algo importante y heroico en esto. Es algo muy nuestro que se ve desde lo ideológico hasta lo estético. Como la invención de un neoliberalismo nacional que no se hace presente en prácticamente ningún lugar del mundo.

 

Acerca del autor/a / Fabián Banga

Es profesor y el Presidente del Departamento de Lenguas Modernas de Berkeley City College en Berkeley, CA. Tiene un doctorado (2004) y M. A. en Lenguas y Literatura Hispanos (2000) de la Universidad de California, Berkeley, y B.A. en Lengua Española y Literatura también de Berkeley. Es co-presidente del Comité de Tecnología para el Coordinador de Distrito de Universidades y Educación a Distancia Peralta Comunidad desde 2007 en Berkeley City College. Ha sido miembro del Comité Ejecutivo de la Asociación de habla no inglesa del norte de California desde el año 2000. También es el Presidente de FLANC desde junio de 2014. Fue investigador estudiante de tercer ciclo para el Programa de Tecnología Educativa (ahora llamado Educational Technology Services ) y consultor del Grupo de interés de Humanidades de la Universidad de Berkeley, de 1999 a 2002. Ha ganado el Premio del Presidente de 2007 (Peralta Colleges Fundación), el Premio del Presidente, 2013 y 2015 (Berkeley City College), Premio de Reconocimiento, 2013 (Oficina de Servicios Educativos, Peralta Colleges), Premio becas Disertación, 2002 (División de Graduados de la Universidad de California, Berkeley), Facultad Premio del Salón de la Fama, (Asociación de Padres y Estudiantes 2001, Universidad de California, Berkeley), Premio Programa de Oportunidad de Graduados, 1998 (Universidad de California, Berkeley), graduado con honores, 1998 (Universidad de California, Berkeley ), Estudiantes de Honor: primavera de 1997, el otoño de 1997, la primavera de 1998. (Universidad de California, Berkeley), Beca John K. Walsh Memorial, 1997 (Departamento de español y Portugués de la Universidad de California, Berkeley) y el Estudiantes de Honor Académico, 1995 (Vista Community College).

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