Notas

Otro hito rosarino

La materia sobre Aborto

Por María Pozzio

La ciudad santafesina a orillas del Paraná es la cuna de la bandera y de personalidades de culto de la vida política, cultural y deportiva de la Argentina. Y ahora, un hito para el movimiento feminista, ya que un grupo de profesionales de la salud, hicieron posible por primera vez en una Facultad de Medicina del país,  se dicte una materia sobre aborto. Esta nota surge de una charla con María Celeste Alarcón Ioizaga, una de las docentes protagonistas de este importante capítulo en la lucha por el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.

Todos hemos visto los pañuelos verdes de la Campaña por el Derecho a Decidir que, a lo largo y ancho del país, agrupa a muchas organizaciones; una de ellas es la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir, una red nacional con dos años de existencia, que agrupa a trabajadores de la salud que luchan por garantizar el derecho del aborto. Participantes rosarinas de esa red, un grupo de egresadxs de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario, comenzaron a pensar la posibilidad de armar una materia electiva que tuviera al aborto como temática. Fue hace un año y medio, a propósito de un charla debate organizada por las autoridades de la Facultad. Allí, Celeste y sus compañeras, pensaron la posibilidad y pusieron manos a la obra. Siguiendo todos los requisitos que una materia electiva debe tener, unos meses después presentaron su proyecto. Como buen trámite administrativo, el proyecto de la materia fue y vino varias veces pero, para sorpresa de todos, el 5 de mayo pasó por el consejo directivo de la facultad y fue aprobado por unanimidad. Al día siguiente ya era noticia en todo el país.

La materia, que comenzará a dictarse a partir de agosto, está dirigida a los estudiantes que tengan terminado el tercer año de la carrera de Medicina de la UNR. Su equipo docente está compuesto por seis médicas generalistas, una clínica y un enfermero ( Raquel Tizziani -titular-, María Paula Botta, Flavia Leguizamo, Mariana Mascardi, Gabriela Pereira, Paula Mirabet y María Celeste Alarcón Ioizaga y Pablo Dalmasso). Contempla una mirada integral sobre el aborto y tiene cuatro ejes principales: el jurídico, que es sobre el que más desconocimiento hay; el técnico-farmacológico;  el de género y violencia -ya que el equipo docente considera el tema del aborto dentro de esta problemática más amplia; y por último, el eje de salud de la mujer, que trabaja especialmente sobre la cuestión del acompañamiento y la asistencia pos-aborto. En la mayoría de los puntos, señala Celeste, se apunta al trabajo interdisciplinario en el que “el médico es uno más de los que trabaja en el equipo de salud”.

En el ruidoso bar del centro de Rosario donde nos tomamos un café, Celeste me transmite su energía y su asombro. Yo había preguntado si la facultad había “metido mano” al programa y ella me dice que no “salvo”, y abre grande sus ojos negros, “salvo a los cupos”. La materia, con un equipo docente de ocho personas ad-honorem, estimaba un cupo de 80 estudiantes pero es tanta la necesidad de formación en estos temas que tuvieron que ampliarlo y, además, tienen la idea de transmitir por teleconferencia las clases a audiencias mayores. Para el eje jurídico van a contar con importantes invitados, como la Dra. Analía Aucía, especialista en género y derecho y docente de la UNR. Al respecto, Celeste vuelve sobre la desinformación de los profesionales respecto al marco jurídico de la provincia de Santa Fé y del municipio de Rosario, que no sólo los ampara para realizar la práctica (basados en los protocolos de APN -aborto no punible- de 2012 y de ILE -interrupción legal del embarazo- de 2015) sino que los obliga en tanto funcionarios públicos: “Es un derecho, hay que garantizarlo y  registrar todo, hacer la historia clínica completa es muy importante para conocer la historia de salud de las mujeres. Muchas veces, como piensan que está mal, que es ilegal, no te dicen, y hay muchas secuelas,  complicaciones uro-ginecológicas, de legrados innecesarios, hay que registrar todo” explica Celeste. El que no quiere hacerlo ahí tiene la lista de objetores -“que no significa que sean obstaculizadores”- lista cuya puesta en práctica fue criticada por la red de profesionales y la Campaña. “Pero no importa”, vuelve a transmitir con energía: “ahí está el caso FAL que es clarificador, y la demanda de las mujeres, las mujeres lo piden”. Entonces me cuenta que en su consultorio, como en el de sus compañeras, están los folletos y los carteles. Ellas anuncian a los cuatro vientos que no son objetoras, que hacen y acompañan los abortos. Y las mujeres, entran a la consulta y miran los carteles, titubean, pero finalmente se animan, preguntan y lo solicitan. En la extensa red de centros de salud de Rosario las mujeres pueden elegir entre dos formas de interrumpir su embarazo: aspiración manual endouterina (AMEU) o farmacológico.  La mayoría elige éste último y es el propio Municipio quien suministra las pastillas de Misoprostol, que es producido por un sólo laboratorio y tiene un valor de mercado muy alto. “Por eso, ahora hay que luchar por la producción pública de la droga” me dice Celeste con un ánimo que contagia y que hace pensar que es posible. Le pregunto cuánto tiene que ver que todo esto pase en Rosario y ella reconoce que, si bien muchas veces son críticas con la gestión de la intendenta Mónica Fein, trabajan en un marco institucional muy favorable, sobre todo en comparación con otras provincias y/o distritos.

Como se trata de una materia electiva, en un momento de la charla dejamos de hablar como activistas y nos metemos en el asunto de la fundamentación académica, dado que no es menor ni exclusivamente pedagógico. Se trata de argumentar con la epidemiología: el aborto es un problema de salud aunque, debido a su clandestinidad, no haya datos que acompañen. Celeste es contundente: aumentaron los índices de muerte materna que, de manera indirecta, mejor  reflejan el aborto y sus consecuencias. Según cifras oficiales en 2012 murieron en la Argentina 258 mujeres, y en 2015, 298, contabilizadas como muertes maternas totales, divididas en embarazos terminados en aborto o por causas obstétricas directas e indirectas. De las  muertes totales de 2015, 126 ocurrieron en la provincia de Buenos Aires. La plataforma virtual de seguimiento de este índice fundamental de desarrollo social dice con claridad que se trata de un  fenómeno complejo.  Aunque no todas las muertes son por aborto, es clara la relación entre estas , la violación de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres y la violencia de género. La reducción de estas cifras está estancada y las diferencias inter-provinciales son significativas. Y lo peor, lo que debería ser una cachetada para muchos, la mayoría de esas muertes son prevenibles. La organización Católicas por el Derecho a Decidir plantea que en América Latina uno  de cada cuatro embarazos termina en aborto, y  que en Argentina los abortos inducidos oscilan entre 300 y 500 mil al año y se realizan, en la mayoría de los casos, de manera insegura y con escaso o nulo acompañamiento.

“A pesar de todo lo que hacemos desde la campaña con las compañeras, hay un gran subregistro, las socorristas tienen algunos números, nosotras, dentro de la red de profesionales, intentamos llevar un registro, pero las compañeras a veces tienen miedo de registrar y los números son importantes, la epidemiología nos sirve para exigir y por ejemplo ahora, presionar para producir misoprostol al costo… ¿Qué duda cabe que el aborto clandestino es un problema de salud? La mujer muere, con todo lo que eso significa, su familia, los hijos que deja… o queda con secuelas, el índice de mortalidad materna (MM) es una vergüenza, está altísimo… hay que bajarlo… Para nosotras no existe otro camino… es innegable, el aborto es un problema de salud, por la MM, por las secuelas, por los gastos de salud que traen aparejados las complicaciones, que pueden ser prevenidas totalmente”.

Según un estudio de opinión pública de Ibarómetro de 2012, el 57,8 % de los encuestados afirmaba que el aborto debía ser legal. En 2015, en una encuesta para Amnistía Internacional, los datos indicaban que 8 de cada 10 personas en el país pensaban que la despenalización total del aborto debía debatirse en el Congreso Nacional donde, sabemos, la campaña ha presentado su proyecto. ¿Cuál será el estado de la opinión pública hoy, en medio de tantos retrocesos económicos y sociales? Datos de 2017 no hay. Lo que sí hubo fueron sendas presiones de los sectores conservadores de siempre en torno del proyecto de la UNR. En los medios circuló la noticia de los correos que le llegaron al decano de la Facultad de Medicina, indignados por la aprobación de la materia: “El decano nos mostró los 10 mil correos, que es un programa de Trolls, pero también los 3500 mails de solidaridad y apoyo” entre los cuales están los del PEG-UNAJ y de algunos docentes de Salud de esta universidad.

La exposición mediática fue una experiencia dura y desgastante para este grupo de docentes. Pero “vale la pena ponerle el cuerpo”, dice Celeste. Y me anima y nos anima a quienes, desde otras universidades, insistimos con la importancia de incluir el género en las currículas, a quienes dentro del campo de la salud enseñamos que la vivencia de ser mujeres o varones no viene con la biología y que es necesario incorporar, hacer cuerpo, esos saberes, desde el comienzo.

Acerca del autor/a / María Pozzio

Doctora en Ciencias Antropológicas por la UAM-Iztapalapa. Docente del Instituto de Ciencias de la Salud de la UNAJ y de la UNLP. Integrante del PEG-UNAJ.

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