Notas

NUEVA ALINEACIÓN, VIEJAS POLÍTICAS

Globos amarillos, brotes verdes y ecología de la mitigación

Por Homero M. Bibiloni

Las políticas ambientales del gobierno de Macri condicionadas por la necesidad de favorecer los negocios de los grupos dominantes afines. El concepto de  mitigación de los efectos del desastre climático oculta la reflexión y el compromiso acerca de la resolución  de sus causas y la obligación de corregirlas de sus principales responsables.

Habiendo transcurrido dos años del gobierno de Cambiemos al momento de redactar esta reflexión para Mestiza es importante marcar la significación y uso que han hecho del mensaje el oficialismo multijurisdiccional más relevante (CABA, Provincia de Buenos Aires y Nación), con sus aliados mediáticos del poder comunicacional concentrado, o cadena nacional privada de difusión sectorial.  A partir de ello marcaremos algunas consecuencias no menores para el tema central que trata de relacionar el ambiente, la soberanía, el valor estratégico de los recursos en términos regionales, geopolíticos y geoeconómicos con la globalización, el cambio climático y su intento de perpetuar formas colonizantes para la dependencia, que hoy pasa por la hegemonía del poder económico financiero internacional en las políticas estratégicas mundiales. Y en este sentido pretende mimetizar y convencer a terceros que lo mejor para los desarrollados es lo mejor para el resto (no desarrollado) , sobre la base de las ventajas de estar integrados al mundo, es decir a los beneficios de la globalización, a través de palabras huecas que no nos dicen nada. A riesgo de repetir, pero para sólo contextualizar veamos algunas de estas manifestaciones. Veamos algunas máximas:

Vendrán inversiones. Centralmente las especulativas y financieras que no generan empleo, sino que succionan y transfieren la riqueza local generada.

Honrando nuestros compromisos habrá tasas más baratas. No se ha demostrado que el arreglo a libro cerrado con los buitres haya mejorado nuestra situación, seguimos tomando deuda cara, cortoplacista, y la que fue a 100 años es leonina.

Debemos ser competitivos. El único objetivo es bajar salarios, los empresarios no desarrollan alternativas sino que trabajan con la baja de ingresos del sector más débil.

Estamos abiertos al mundo. Llueven importaciones mientras EEUU fortalece a sus empresarios y cierra sus puertas. Los limones aún no fueron exportados.

El mundo, escenario de oportunidades. Solo de venida, no aumentamos exportaciones, se reducen poniendo en crisis la balanza de pagos, apostando a la reprimarización de la economía.

Se apela a frases que suenen bien, positivas, que encarnen ciertos anhelos históricos (“La argentina que nos merecemos”, “trabajo de calidad”, “erradicación de la pobreza”, “mayor empleo”, no a la corrupción, dialogo, consenso, información, transparencia, mejora institucional, participación) es decir que por su generalidad no sean merecedoras de reproches, pero siempre con absolutas imprecisiones estadísticas, atemporales y sin anclajes físico territoriales, con lo cual son absolutamente incomprobables e imposibles poner en un ámbito de verificación. El futuro venturoso pese al esfuerzo y sacrificios iniciales imprescindibles acompaña el mantra de políticos y gurúes “amarillos”.

A ello debemos sumar algunos conceptos y compromisos más fuertes en cuanto impacto ambiental.

Contra el narcotrafico y el terrorismo. Sin terroristas en nuestro país, y con pobres resultados de esa lucha anti – narco declamada, se ponen banderas caras y funcionales a las potencias que desparraman drones y ocupaciones por el mundo.

Buena gobernanzada y bienes públicos globales.

Definidos por Kofi Annan ya antes de este nuevo siglo (1999)

Equidad y justicia;

Eficiencia de los mercados;

Medio ambiente y patrimonio cultural;

Salud

Conocimiento e información;

Paz y seguridad.

Conflictos militares globales. EEUU ha fijado como doctrina de su estrategia militar que lo ambiental es hipótesis de escenarios conflictivos, tal como ilustrara Horacio Verbitsky en Página/12.

Si entre los bienes públicos globales se equipara lo ambiental a la seguridad, no puede dejar de preocuparnos a quienes detentamos recursos naturales (es decir, bienes públicos globales tales como bosques, tierras con nutrientes, ecosistemas funcionando, reservorios de pesca, etc.) que coexistan éstos en zonas de potencial inseguridad conforme pueda determinarlo la primera potencia mundial, es decir EEUU. Ciudad del Este no sólo es un enclave cuestionado por sus implicancias, que incursionan según variadas fuentes y publicaciones en ilicitudes acumuladas , con radicaciones de poblaciones que ramifican sus acciones en el mundo (especialmente musulmanas) sino que bajo toda esta realidad del mundo cultural, yace el ACUÍFERO GUARANÍ, una reserva mundial de agua gigantesca, en un planeta en que -ya se sabe- el agua no es infinita.

Si por sobre el acuífero hay inseguridad, la policía del mundo “para preservar la paz y la democracia” decidirá controlar la superficie debido a su famosa extraterritorial national security y controlará también el espacio aéreo y el subsuelo.

Las reservas naturales son estratégicas en el tiempo, pero en el corto plazo hay negocios por hacer a través del problema GLOBAL del CAMBIO CLIMÁTICO, con la venta de tecnologías limpias y la reducción de emisiones que limita el crecimiento por no tener esas tecnologías que han construido los países responsables de la deuda ambiental planetaria tal como planteara Néstor Kirchner en la Convención en Buenos Aires en 2004, deuda originada por el fenomenal nivel de emisiones que pone en riesgo la vida planetaria (al menos para los más pobres).

De allí que claramente las políticas e inversiones del nuevo Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación apuntan a invertir y hacer negocios en temas de mitigación, es decir lo que importa a los deudores ambientales, bajar las emisiones sin asumir las consecuencias del desaguisado climático (sequías y lluvias fuera de los parámetros históricos conocidos) que imponen defensas por inundaciones, cambios en las técnicas de producción por corrimiento de humedad, lucha contra plagas que aparecen como consecuencia de alterarles su hábitat natural, etc. Así dice su titular ( entre rezo y rezo para que llueva y no se quemen nuestros bosques nativos)

el cambio climático no es el mal del planeta sino que es el indicador; el planeta está enfermo y lo tenemos que sanar y curar. Para esto se requiere de idoneidad profesional y conocimiento científico, de metodología y tecnología y de inversión y desarrollo”.

La nueva gestión de ese Ministerio en su página web aborda un “…proceso de revisión de las Contribuciones Nacionales presentadas por la gestión anterior en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2015, en tanto cree que existe un potencial para mejorar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero” y entonces, como tema de su “estricta competencia”, decide impulsar la adquisición de buses eléctricos.

En consecuencia, así como planteamos en su momento (2009), en visión compartida junto al Ministerio de Relaciones Exteriores, que la política ambiental acompaña la visión de país de inserción en el mundo y selecciona los aliados regionales geopolíticos, geoambientales, y geoeconómicos, es indudable que el Gobierno actual, al estar alineado a intereses diferentes nos va llevando a un escenario dramático en términos de recursos naturales y verdaderas prioridades nacionales:

  • Revisión de la Ley de Bosques (funcional al complejo químico sojero con paquetes tecnológicos dependientes) .
  • Revisión de la normativa sobre glaciares (funcional al sector minero).
  • Invertir en mitigación en materia de cambio climático (funcional a la industria de los países avanzados en tanto compraremos su tecnología y pagaremos su mano de obra).
  • Olvidarse de la adaptación como natural consecuencia de la deuda ambiental (consecuencia de sólo hablar de la necesidad de bajar las emisiones, tal como predicaba ya Al Gore omitiendo la responsabilidad primaria de EEUU en ello y que para ese momento ni siquiera firmaba el Protocolo de Kyoto, ahora “ desfirmada” por Donald Trump ) .
  • Olvidarse de la UNASUR y debilitar el MERCOSUR ampliado, la mejor estrategia regional como aliados y titulares de bienes y recursos naturales para poder pelear contra ideas asociadas al NAFTA o prédicas de la OMC, del FMI o del BM.
  • No volver a trabajar el tema de los BRICs como aliados naturales en este escenario internacional de Cambio Climático, variable ambiental de subordinación de políticas económicas soberanas.
  • Olvidarnos del valor estratégico de la pesca y el petróleo en la defensa irrestricta de las Islas Malvinas.

Es decir una constante en el uso si pasa – pasa, y si no siempre hay “remedios” más graves para los “enfermos díscolos” cuando nos asociamos con las potencias militares del planeta sujetándonos a sus intereses, en donde nos presionarán con sus estrategias transgénicas y químicas, el ahogo financiero, el control a distancia, la restricción a internet, la apropiación de tierras con recursos incluidos, el deterioro de los términos de intercambio…. viejas y nuevas recetas para lo mismo: la subordinación a los intereses de sus corporaciones globales.

Acerca del autor/a /  Homero M. Bibiloni

Abogado. Especialista y Docente en grado y postgrado en Derecho Administrativo y Ambiental. UNLP Coordinador de Carrera Gestión Ambiental UNAJ. Presidente Tribunal Administrativo de la OEA 2018. Ex Secretario de Ambiente de la Nación y Presidente Acumar 2008 2010.

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