La presentación del libro de Alejo Ramos Padilla en la UNAJ, Recuperar Malvinas: Las disputas por los significados de la guerra y su tardía inclusión en el campo de los derechos humanos, publicado por la Editorial Siglo XXI en 2025, no pudo tener mejor contexto. Se realizó en el mes del conflicto bélico, cuando las actividades conmemorativas se articulan con charlas y debates que actualizan esta temática de investigación y enseñanza. Además, coincidió con la jornada de protesta y visibilización de 24 horas realizada en las universidades para exigir el cumplimiento de la Ley de financiamiento universitario, defender la educación pública y la ciencia nacional.

Los con-textos son tan importantes como el texto, siempre están articulados. Del mismo modo que en la presentación, el libro refiere a recuperar Malvinas luego de un largo periodo de olvido/ desmalvinización y en un contexto de políticas nacionales de derechos humanos –alrededor del 2010, cuando comienza con la indagación- que hicieron posible incluir a Malvinas en ese campo y viceversa: incluir los derechos (soberanos y humanos) en Malvinas.
La presentación del libro se centró en tres cuestiones: la primera, más general y de forma/contenido; la segunda, la cocina de la investigación y la tercera, el cierre, con la lectura o apreciación de la presentadora, directora del PEMAP (Programa de Estudios de Malvinas, Atlántico Sur y Patagonia) de la UNAJ.
Primero, un aspecto general: la obra es un producto de investigación, más específicamente la tesis doctoral de Ramos Padilla. Por eso, tiene un objetivo: determinar cómo se logró incluir la temática de Malvinas en los derechos humanos. Justamente, porque lo que el autor/tesista encuentra en el estado de la cuestión (es decir, en lo investigado hasta el momento), es que durante largo tiempo ambos temas (Malvinas y derechos humanos) eran campos separados. De hecho, todavía escuchamos a personas, redes y medios masivos que sostienen que estos temas no se tienen que mezclar, que no son lo mismo, que hay que aislar la guerra del contexto en que se proclamó, la última dictadura militar. Ideas y sentidos que van a contramano de los paradigmas y recaudos de las ciencias humanas y sociales para validar los conocimientos: no recaer en anacronismos, no descuidar la multiplicidad de actores, perspectivas y sentidos, entre otros.
Para lograr esto, Ramos Padilla historiza cómo se construyó Malvinas como causa. A diferencia de la cuestión, que es el reclamo soberano nacional, la disputa diplomática, el litigio internacional (propio de otras disciplinas, como el derecho internacional o la geopolítica), la causa es un producto sociocultural, es la construcción de un sentido y sentimiento nacional por parte de distintos grupos y personas.
Esto le permite formular una hipótesis (como hallazgo de campo): la causa no es una sola, tiene distintos sentidos o significados, hay distintos pensamientos, posicionamientos e ideologías que convirtieron a Malvinas en una causa nacional. Durante el proceso militar y luego de la guerra, esa causa fue apropiada por un sector nacionalista de tipo autoritario, que la transformó en gesta: identificada con expresiones nacionalistas que reivindicaban la dictadura y reclamaban impunidad.
Una vez que Malvinas fue incorporada al movimiento de derechos humanos, dejó de ser exclusividad del nacionalismo autoritario para convertirse en una causa democrática y popular que no dejó de ser, nacionalista: se retomó la tríada del campo de los derechos humanos incluyendo los valores malvineros, “Memoria, Verdad, Justicia, Soberanía y Democracia”.
La característica del nacionalismo autoritario no sólo es la reivindicación de la gesta y los héroes, también supone una postura acrítica que cierra el tema de Malvinas: niega las experiencias históricas que contradicen esa imagen y demuestra que hubo acciones que no fueron heroicas. El nacionalismo democrático, por el contrario, amplía y articula la temática con campos diversos (como el de los derechos humanos y la democracia) y sólo puede hacerlo al reconocer historias y memorias invisibilizadas en la imagen de la gesta, incluyendo y rescatando de modo crítico, la experiencia bélica y buscando justicia.
Pero el libro no abarca sólo esos periodos sino que reconstruye una historia larga de la causa Malvinas: los sentidos liberales, nacionalistas autoritarios y nacionalistas democráticos, encontrando que trascienden a distintos periodos y gobiernos. Historia que comienza con la literatura del siglo XIX y pasa por los principales acontecimientos sociohistóricos del siglo XX que resignifican a Malvinas como causa a través de datos empíricos y fuentes documentales. Esa historia es la que le da contexto a la obra para cerrar, en los últimos tres capítulos, con la temática de los derechos humanos, las torturas y la identificación de los caídos en las Islas.
De ese modo, la obra abarca el antes, durante y después de la guerra y llega, en las conclusiones, hasta la actualidad, el año 2023, cuando retoma los discursos del presidente Javier Milei, la vicepresidenta Victoria Villarruel y la canciller Diana Mondino: inéditos sentidos de Malvinas que seguramente se analizarán en otros proyectos, que van desde admirar a Margaret Thatcher hasta escribir en comunicados oficiales Falklands en lugar de Islas Malvinas.

El segundo aspecto de la presentación del libro se centró en la cocina o trastienda de la investigación. Investigar es un oficio, lo que supone formación teórico académica y práctica intensiva en campo, con actores sociales. El autor combina dos de sus oficios: la abogacía y el derecho (el conocimiento teórico-práctico de los fundamentos jurídicos, los antecedentes de los casos, los testimonios, el trabajo con testigos… es decir la comprobación) y las técnicas propias de las ciencias sociales y humanas (la indagación en archivos históricos y de prensa, en corpus literarios y procesos culturales). En esto, encontramos un perfil “anfibio” (como metaforiza la sociología, el término es de la socióloga argentina Maristella Svampa): así como los anfibios son animales que viven en dos mundos, agua y tierra, los cientistas sociales combinan el ámbito académico (la teoría e investigación) con la acción social (la participación en asociaciones y movimientos, la militancia o la práctica ciudadana). Esta doble membresía, no es contradictoria; por el contrario, le permite acceder y comprender los sentidos que se propuso indagar y, al decir de de otro sociólogo colombiano, Orlando Fals Borda, de un modo sentipensante.
El propio Ramos Padilla nos cuenta de esa doble pertenencia, en un artículo de 2024, “Apuntes de investigación”: en 2010, fue convocado por ex combatientes a acompañarlos en sus reclamos de justicia por torturas recibidas de sus superiores y también por familiares que querían saber en qué lugar del Cementerio de Darwin, estaban enterrados sus hijos y hermanos. Así, acompañó y representó ambos reclamos y participó del diseño del Plan Proyecto Humanitario en la identificación de los caídos en el Cementerio de las Islas. Según sus memorias, fue allí que comenzó “a investigar el tema en profundidad”, es decir que se trataba de una temática de la que desconocía su complejidad (que luego investigó en su tesis) pero de la que no era ajeno, conocía y era un militante o un ciudadano para quien los derechos humanos y la democracia son y serán un valor.

Por último, la presentación cerró con una lectura o apreciación personal. El libro es una suerte de “obra total”: integra múltiples temáticas y disciplinas que la colonialidad del poder dividió. Nos independizamos de España y de cualquier dominación extranjera (aunque todavía está pendiente la descolonización de Malvinas, territorio no autónomo usurpado y administrado por Gran Bretaña), pero no nos independizamos en nuestras mentalidades, en la división disciplinar, respetamos las divisiones científicas de aquellos imperios y naciones europeas y centrales. Alejo no respeta esas divisiones y fronteras, las cruza, y hace bien en cruzarlas: yendo desde la literatura hasta la política actual pasando por aspectos económicos, históricos, culturales. Esa interdisciplinariedad, que muchas veces sólo se pregona, es muy valiosa.
En fin, se trata de una obra “hermosa y necesaria”. ¿Cómo es posible que temas como las torturas o el reconocimiento de cuerpos hasta ese momento “sólo conocidos por dios” pueden ser hermosos? Son tales, porque instala la temática de los derechos, porque nos hace escuchar experiencias y necesidades de conciudadanos y conciudadanas, ex combatientes y familiares y, con esto, propone un mundo más comprensible, con más vínculos, un mundo más vivible.
La vida es hermosa gracias a trabajos como estos, que prenden –en lugar de apagar– la universidad y que abren –en lugar de cerrar– la causa Malvinas.
La universidad no se apaga, está activa gracias a trabajos, charlas, presentaciones, proyectos de investigación. También Malvinas sigue siendo un tema de investigación y enseñanza porque docentes, nodocentes y estudiantes, investigadores y extensionistas, sostenemos la educación pública y la ciencia nacional. Eso es malvinizar.
Esto último, nos permitió articular la protesta nacional universitaria con el lema que, desde 2024, levantamos en el PEMAP – UNAJ: “Desfinanciar la universidad, también es desmalvinizar”.
Alejo Ramos Padilla es juez federal, abogado (UBA, 2000) y doctor en derechos humanos (2023, UNLA). Desde el año 2021 se desempeña como titular del Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal N° 1 de La Plata. Además, es docente en la UBA y en la UNLP, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.
Acerca de la autora / Mirta Amati

Doctora en Ciencias Sociales y Magíster en Comunicación y Cultura de la UBA. Docente de la materia Prácticas Culturales de la UNAJ y de IAs – Investigación Acción sociocomunitaria de la UBA. Directora del PEMAP y de un “UNAJ-INVESTIGA” y un PICTO sobre Malvinas.


