Ambiente

La disputa por los recursos estratégicos como la última frontera de la dominación global

Guerra y soberanía socioambiental

Por Ana Guillermina Abrahamowicz

En el análisis de las guerras existe una dimensión que suele quedar relegada, invisibilizada o directamente naturalizada: la socioambiental. Los conflictos bélicos no sólo ocurren en los territorios, sino por los territorios, es decir, por los bienes naturales que en ellos se concentran. 

El ambiente deja de aparecer como un daño colateral inevitable de las guerras para convertirse en un componente estructural del conflicto. Ecosistemas estratégicos, recursos naturales clave y espacios territoriales de alto valor geopolítico ocupan un lugar central en numerosas disputas armadas contemporáneas.

El ambiente: de daño colateral a botín de guerra

El ambiente rara vez constituye una consecuencia secundaria de la guerra. Muy por el contrario, en numerosos casos es escenario, botín y víctima, en tanto concentra bienes, recursos y condiciones fundamentales para la vida humana y la reproducción social. Petróleo, minerales estratégicos, biodiversidad, agua dulce y corredores territoriales indispensables para la logística global aparecen de manera recurrente como factores que desencadenan o intensifican la violencia.

El análisis comparativo de distintos escenarios bélicos permite identificar patrones comunes: la intervención de actores externos sobre zonas ricas en recursos, la existencia de mecanismos institucionales que legitiman el acceso desigual a esos bienes y la persistencia de estructuras de dominación que se consolidan incluso una vez finalizados los enfrentamientos armados.

En estos contextos, la violencia —ya sea armada o estructural— no resulta caótica ni accidental, sino funcional a la instauración de regímenes de control sobre activos estratégicos. Estos procesos concentran poder y beneficios en actores externos, al tiempo que producen impactos ambientales y sociales de largo plazo: desplazamientos forzados de poblaciones, pérdida de medios de subsistencia, degradación de territorios habitados y profundización de desigualdades históricas.

Petróleo, guerra y control territorial

En los conflictos del Golfo Pérsico y de Irak, el petróleo constituye una clave central para comprender tanto las intervenciones militares como las reconfiguraciones posteriores de la autoridad sobre el espacio. Lejos de tratarse únicamente de guerras asociadas a la “seguridad internacional”, cabe preguntarse seguridad de quiénes y para la protección de que intereses deben interpretarse estos procesos, que se inscriben en el marco de la dependencia energética global y de la necesidad de las potencias centrales de garantizar un acceso estable a fuentes de abastecimiento consideradas vitales.

Las consecuencias ambientales y sociales han sido devastadoras: incendios masivos de pozos petroleros, contaminación de suelos y aguas, destrucción de ecosistemas y una militarización persistente del área. A estos impactos visibles se suma un proceso menos evidente pero igualmente relevante: la etapa de reconstrucción posterior a los conflictos armados, caracterizada por la privatización de sectores clave, la apertura forzada de los mercados y la consolidación de nuevos esquemas de dominación económica y política.

De este modo, la guerra no solo transforma el paisaje físico, sino que redefine quién toma decisiones sobre los recursos, bajo qué lógicas se explotan y a quién benefician. En este marco, cabe preguntarse en qué medida las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a los conflictos armados y a las actividades militares son efectivamente registradas por los sistemas de contabilización climática. Si bien dichas emisiones resultan técnicamente estimables y se encuadran en las metodologías generales de medición, la ausencia de un tratamiento específico en los inventarios nacionales tiende a producir una subestimación estructural de la huella climática de la guerra.

El coltán: el mineral invisible detrás de la tecnología

La actual espiral de violencia en la República Democrática del Congo adopta formas distintas, aunque responde a una lógica similar. El país concentra una de las mayores reservas mundiales de coltán, un mineral indispensable para la industria tecnológica global. Teléfonos celulares, computadoras y múltiples dispositivos electrónicos dependen directamente de su extracción.

Detrás de esta cadena de consumo aparentemente distante se despliega un entramado complejo de coerción armada, explotación laboral y degradación ambiental. Grupos armados, empresas transnacionales y redes de comercio ilegal se disputan el dominio de la región, mientras las comunidades locales quedan atrapadas en un conflicto prolongado y profundamente desigual.

Aquí, la dominación no se ejerce exclusivamente a través de fuerzas estatales, sino mediante la articulación entre actores armados no estatales, intereses corporativos y vacíos institucionales que habilitan la extracción de estas riquezas sin controles ambientales efectivos ni garantías sociales mínimas.

Venezuela: sanciones, petróleo y disputa por la soberanía.

El caso reciente de Venezuela permite ampliar el análisis más allá de los conflictos armados convencionales e incorporar formas actuales de disputa por activos estratégicos que no siempre se expresan mediante la confrontación militar abierta. Una vez más, el petróleo ocupa un lugar central.

Venezuela concentra una de las mayores reservas probadas de crudo del mundo, lo que la convierte en un actor relevante dentro del tablero energético global. Esta condición la ha situado históricamente en el centro de tensiones geopolíticas, particularmente en relación con potencias interesadas en garantizar el acceso y la gestión de fuentes de energía consideradas vitales.

En las últimas décadas, la disputa se ha materializado principalmente a través de mecanismos no convencionales: sanciones económicas, bloqueos financieros, presiones diplomáticas y estrategias de aislamiento internacional. Estas herramientas configuran modalidades de coerción estructural que erosionan la capacidad del Estado de ejercer autoridad soberana sobre sus bienes y su modelo de desarrollo, sin necesidad de una intervención militar directa.

Desde una perspectiva ambiental y social integrada, las consecuencias son profundas. Las restricciones económicas afectan la gestión ambiental, el mantenimiento de infraestructuras energéticas, la inversión en tecnologías menos contaminantes y la capacidad de respuesta ante emergencias ecológicas. Al mismo tiempo, refuerzan dinámicas de dependencia, deterioro social y vulnerabilidad territorial.

Este caso muestra con claridad que la soberanía puede verse debilitada sin una guerra declarada, y que el acceso a los bienes naturales también se disputa mediante instrumentos financieros, jurídicos y geopolíticos que condicionan las decisiones internas. En este sentido, diversas medidas impulsadas por la administración estadounidense durante el período de gobierno de Donald Trump han sido señaladas por organismos internacionales y especialistas en derecho internacional público como contrarias al principio de no intervención y lesivas de la capacidad de Venezuela para ejercer control efectivo sobre sus recursos soberanos  estratégicos

Malvinas: enclave colonial, recursos y proyección antártica

La cuestión Malvinas revela la relación entre soberanía, colonialismo y ambiente desde una perspectiva histórica, regional y global. La ocupación británica de las Islas Malvinas no constituye únicamente una disputa diplomática: se trata de un enclave colonial activo que habilita el acceso y aprovechamiento de riquezas pesqueras, energéticas y de alto valor geopolítico en una de las regiones más relevantes del hemisferio sur.

La presencia militar, la explotación del patrimonio natural y la administración unilateral del espacio marítimo consolidan un esquema de dominación que trasciende al propio archipiélago. La riqueza biológica del mar argentino, el potencial energético de la plataforma continental y la gestión de amplias áreas oceánicas responden a una misma lógica de apropiación espacial.

A esta dimensión se suma un componente geoestratégico central: el control de los pasos interoceánicos y su articulación con la proyección antártica. Las Islas Malvinas, junto con Georgias del Sur y Sandwich del Sur, funcionan como un nodo clave para el acceso, la logística y la proyección de poder hacia la Antártida, en un contexto atravesado por el cambio climático, la apertura de nuevas rutas marítimas y el creciente interés por los activos naturales y científicos del continente blanco.

Desde esta perspectiva, la ocupación colonial no solo vulnera la soberanía territorial, sino que condiciona la capacidad de decisión sobre espacios marítimos, ecosistemas estratégicos y áreas de proyección futura. El ambiente se erige aquí como núcleo constitutivo del litigio y no como una dimensión secundaria.

Pensar la soberanía desde una clave socioambiental

A partir del análisis de estos casos, resulta necesario proponer el concepto de soberanía socioambiental como una herramienta central en el análisis y la práctica política. La soberanía no es un atributo fijo ni garantizado; es el resultado de los procesos históricos y las dinámicas políticas. La soberanía puede defenderse, aumentarse o erosionarse mediante distintos mecanismos: ocupación territorial, privatización de bienes comunes, violencia armada o dominación institucional.

No existe soberanía efectiva sin capacidad real de decidir sobre los bienes naturales, los modelos productivos y los espacios que los sostienen. En un escenario global atravesado por la crisis climática, la transición energética y la intensificación de la competencia por recursos estratégicos, esta discusión adquiere una urgencia creciente.

Los conflictos armados no son acontecimientos lejanos en el tiempo o en el espacio: sus impactos ambientales, sociales, económicos y políticos atraviesan la vida cotidiana, incluso cuando no siempre resultan visibles. Pensarlos desde una clave socioambiental no es solo un ejercicio académico, sino una necesidad política y ética en una región como la sudamericana que está dejando de ser una de paz y transformándose en una de disputa.

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