Notas

NO AL 2 X 1

Números

Por Victoria Gagliardi

La sentencia de la Corte Suprema beneficiando a los genocidas con el 2 x 1 convocó una de las más grandes manifestaciones de repudio que se tenga memoria. Miles. Cientos de miles.  Una cuestión de números.

 

Somos una sociedad obsesionada con los números: el tiempo, los días, el precio. Nos preocupan los que hablan de nosotros (la edad, por ejemplo). Nos obsesionan los que hablan del resto (los pobres, la inseguridad, la opinión pública).

Los índices nos persiguen para objetivar la realidad que vivimos. Corretean por los pasillos de forma tan ruidosa que hemos llegado a creer que son la verdad más absoluta. Que no se ofendan los matemáticos: no hay nada más preciso que los números. Pero a través de ellos los argentinos interpretamos mucho más que sólo un cálculo.

Los números sueltos no dicen nada. Los números con nombre y apellido cuentan historias. Los números colectivos son estadísticas que hablan de nosotros en tiempo presente o pasado.

Hace varios meses una discusión sobre los números nos puso en alerta.

Se trató de un número que no está suelto sino que habla de la historia más terrible que nos tocó vivir: el genocidio. Alguien, sumido en la más oscura penumbra, lo dijo primero. Bajito. A otro le causó gracia y asintió. Uno que estaba cerca quería decirlo hace tiempo pero no se animaba, y cuando vio que alguien lo había dicho y el otro se había reído se animó a plantearlo un poco más fuerte.

En el medio de la noche, uno repitió con énfasis: fueron 8 mil.

A nosotros, que estábamos distraídos pensando en nuestros propios números, nos sorprendió que ese señor con bonete hubiera dicho semejante cosa. Hacía mucho que creíamos que este tema estaba cerrado. Pero volver a escuchar esta frase y ver que otros, desde las sombras, asentían con una sonrisa hizo que un escalofrío nos corriera por la espalda.

Creíamos que la discusión estaba tan saldada que volver a gritar “son 30 mil” nos sonaba tan verdadero como obvio. A alguien se le pintó una sonrisa por encontrarnos tan desconcertados. Otro se rió más fuerte. Y uno se animó a redoblar la apuesta.

Alzando los brazos, desbocado, en lugar de contar multiplicó: “¡dos por uno!”

Hay que decir que más que haber sentido un escalofrío, a nosotros esto del 2×1 nos dolió en el corazón. Sentimos una punzada en el pecho y un silencio seco que cruzó como un rayo la habitación que compartimos con todos los otros. Una de nosotras cayó de rodillas. Otro se puso a discutir, rabioso. Mi compañera se secó las lágrimas con un pañuelo chiquitito que tenía guardado en el bolsillo del pantalón.

Sacudimos la cabeza y alzamos los puños. Nos repetimos algo que ya sabíamos: los números dicen cosas, hablan sobre nosotros y sobre los otros. Por eso entre todos hemos decidido que los números, una vez más, tenían que ser contundentes. Los números, propios y ajenos, enteros o potenciados, están en permanente disputa. Convencidos de esto, elegimos dar una respuesta ineludible: la masiva.

Para ganarle a la multiplicación había que sumar de a muchos. El miércoles pasado fuimos cientos de miles en la Plaza de Mayo quienes levantamos en alto aquellos pañuelos cargados de historias. El gesto unió nuestras voces con un objetivo claro: que ninguna cuenta volviera a confundir los números con la historia. Para que la memoria no pueda volver a medirse con fríos cálculos genocidas y comience a gritarse con justicia y con verdad. Pero sobre todo, con amor.

Acerca del autor/a / Victoria Gagliardi

Nació en La Plata, Buenos Aires, en 1987. Es profesora y licenciada en Comunicación Social egresada de la Universidad de La Plata. Periodista. Docente en la Universidad Nacional “Arturo Jauretche” – UNAJ.

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